lunes, 17 de abril de 2017

SOBRE EL AMOR Y LA RELACIÓN

Pregunta: Usted ha hablado de las relaciones que se basan en la utilización de otra persona para la propia gratificación, y a menudo ha insinuado un estado llamado “amor”. ¿Qué entiende usted por amor? 

Krishnamurti: Sabemos qué es nuestra vida de relación: mutua utilización y gratificación, aunque la cubramos llamándola amor. En la utilización se ve con ternura y se protege aquello que uno utiliza. Protegemos nuestra frontera, nuestros libros, nuestra propiedad; análogamente tenemos cuidado en proteger a nuestra esposa, a nuestra familia, a nuestra sociedad, porque sin ellas estaríamos solitarios, perdidos. Sin el hijo, el padre se siente solo; lo que vosotros no sois, el niño será, y por eso el hijo se convierte en un instrumento de vuestra vanidad. Conocemos la relación de necesidad y de uso. Necesitamos al cartero y él nos necesita, y sin embargo no decimos que amamos al cartero. Pero si decimos que amamos a nuestra esposa e hijos, aun cuando los utilicemos para nuestra personal gratificación y estemos dispuestos a sacrificarlos por la vanidad de que se nos llame “patrióticos”. Conocemos muy bien este proceso; y es obvio que él no puede ser amor. El “amor” que utiliza, explota, y luego lo lamenta, no puede ser amor, porque el amor no es cosa de la mente.

Así pues, experimentemos y descubramos qué es el amor; descubramos no sólo verbalmente, sino “vivenciando” efectivamente ese estado.

Cuando vosotros os servís de mí como “gurú” y yo os utilizo como discípulos, hay mutua explotación. De un modo análogo, cuando utilizáis vuestra esposa e hijos para vuestro propio apoyo y adelanto, hay explotación. Eso no es amor, por cierto. Cuando hay usufructo, tiene que haber posesión; la posesión invariablemente engendra temor, y con el temor vienen los celos, la envidia, las sospechas. Cuando hay aprovechamiento no puede haber amor, pues el amor no es cosa de la mente. Pensar en una persona no es amar a esa persona. Pensáis en una persona sólo cuando esa persona no está presente, cuando está muerta, cuando ha huido, o cuando no os da lo que deseáis. Entonces vuestra insuficiencia íntima pone en movimiento el proceso de la mente. Cuando esa persona está junto a vosotros, no pensáis en ella; pensar en ella cuando está junto a vosotros es estar perturbado, de suerte que, estando ella ahí, lo dais por admitido. El hábito es un medio de olvidar y de estar en paz, evitando el ser perturbado. El valerse de alguien, pues, invariablemente conduce a la invulnerabilidad; y eso no es amor.

¿Qué es ese estado en que no hay aprovechamiento? Este es un proceso de pensamiento como medio de encubrir, positiva o negativamente la insuficiencia íntima ¿no es así? ¿Qué es ese estado en que no hay sensación de satisfacción? El buscar satisfacción está en la naturaleza misma de la mente. El sexo es sensación creada, imaginada por la mente; y entonces la mente actúa o no actúa. La sensación es un proceso de pensamiento, el cual no es amor. Cuando la mente domina y el proceso del pensamiento es importante, no hay amor. Este proceso de utilizar, pensar, imaginar, retener, encerrar, rechazar, es todo humo; y cuando no hay humo surge la llama del amor. Algunas veces sí tenemos esa llama, rica, plena, completa; pero el humo vuelve porque no podemos vivir largo tiempo con la llama, la cual no tiene sentido de proximidad, sea de uno o de muchos, personal ni impersonal. La mayoría de nosotros ha conocido ocasionalmente el perfume del amor y su vulnerabilidad; pero el humo del aprovechamiento, del hábito, de los celos, de la posesión, el contrato y la ruptura del contrato todo eso ha adquirido importancia para nosotros, y por lo tanto no existe la llama del amor. Cuando hay humo no hay llama; mas, cuando comprendemos la verdad acerca del uso, del aprovechamiento, la llama está ahí. Utilizamos a otra persona porque somos íntimamente pobres, insuficientes, mezquinos pequeños, solitarios, y esperamos poder escapar utilizando a otro. Análogamente, utilizamos a Dios como un medio de escape. El amor de Dios no es el amor de la verdad. No podéis amar la verdad. Amar la verdad es tan sólo un medio de utilizarla para ganar alguna otra cosa que conocéis, y existe por lo tanto el temor personal de perder algo que conocéis.

Conoceréis el amor cuando la mente esté muy quieta, libre de su búsqueda de satisfacción y evasiones. Primero es preciso que la mente termine enteramente. La mente es resultado del pensamiento, y el pensamiento es un mero pasaje, un medio para un fin. Y cuando la vida es un mero pasaje hacia algo, ¿cómo puede haber amor? El amor surge cuando la mente está naturalmente quieta, no aquietada, cuando ella ve lo falso como falso y lo verdadero como verdadero.

Cuando la mente está quieta, cualquier cosa que ocurra es la acción del amor, no es la acción del conocimiento. El conocimiento es mera experiencia, y la experiencia no es amor. La experiencia no puede conocer el amor. El amor adviene cuando comprendemos el proceso total de nosotros mismos, y la comprensión de nosotros mismos es el principio de la sabiduría.

Madras, 5 de Febrero de 1950.  

J. Krishnamurti, La revolución Fundamental (12 conferencias pronunciadas en India en 1949-50)

lunes, 6 de febrero de 2017

APRENDER

"El aprender es un movimiento constante, una constante renovación. No es “haber aprendido” para luego mirar desde allí. Escuchando lo que se está diciendo y observándonos un poco, aprendemos algo, experimentamos algo; y miramos partiendo de ese aprender y experimentar.

Miramos con el recuerdo de lo que hemos aprendido y de lo que hemos experimentado; con ese recuerdo en la mente observamos. Por lo tanto, eso no es observar, no es aprender.

El aprender implica una mente que aprende de nuevo cada vez. De manera que el aprender es siempre nuevo."
 
K - "El Vuelo del Águila". 10-El cambio radical"

miércoles, 17 de febrero de 2016

EL MIEDO

 
 
EL MIEDO
 
El sábado 13 de febrero nos reunimos como cada mes un reducido grupo (12) de Amigos de K. Damos la bienvenida a Andrés y deseamos que pueda aportar su experiencia.
 
Proyectamos el video* desde el minuto 51, a partir del cual Krishnamurti nos habla del miedo. Toma el miedo como hilo conductor, porque a todos nos atañe. K, como siempre, habla de lo que a todos nos concierne, lo que todos hemos experimentado y desde ese punto (en este caso el miedo) partimos en la investigación, caminamos en ese "conócete a ti mismo".
 
La plática la interrumpimos en diferentes ocasiones para aclarar, compartir, expresar, dilucidar, lo que estábamos escuchando. Siempre desde la atención, desde el diálogo y desde la conexión interior de los que participamos.
 
Resultado: un fructífero e intenso diálogo que acabamos con una reflexión de Andrés que nos puso en armonía y en orden de despedida.
 
Expreso la invitación a que los demás participantes aporten sus puntos de vista.
 
Desde el abrazo compartido.
Hasta la próxima.
 
Juan Crisos